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La cuestión de la religión presenta tres vertientes que nos interesan especialmente.
1. El lugar de la religión en la sociedad. A nuestro parecer, debe estar determinado por dos principios. El primero es la libertad: libertad para adherirse a unas creencias religiosas u otras, asociarse en las diversas Iglesias, participar en el culto correspondiente, expresar públicamente ideas religiosas. Son sujetos de este último derecho también quienes sostienen concepciones no religiosas, agnósticas o ateas. La libertad conlleva la no discriminación motivada por las convicciones, religiosas o no religiosas, de cada persona. El segundo principio es el de la independencia de las Iglesias respecto al Estado y de éste en relación con aquellas. Bajo este ángulo, si bien la historia de las religiones debe formar parte de la enseñanza de la historia de la cultura, la formación propiamente confesional debería quedar excluida de la enseñanza pública, del horario ordinario y del currículo. La no existencia de ningún tipo de presión a favor de una religión y de ningún proselitismo dentro de los centros educativos es una condición necesaria para formar personas con criterio para poder elegir libremente. 2. La relación con la religión de los movimientos socialistas o anticapitalistas de la Europa moderna, movimientos con los que tenemos una deuda importante. Aunque en el primer socialismo europeo, en la primera mitad del siglo XIX, fue patente la inspiración cristiana, a finales de ese mismo siglo se hizo hegemónico un socialismo no religioso y frecuentemente antirreligioso, que borró las huellas de aquella primera influencia. En ese socialismo finisecular cobró mucha fuerza la aspiración a un mundo sin religiones, hecho que se suponía habría de alcanzarse tras la transformación socialista de la sociedad. La presencia de cristianos en los partidos socialistas se llegó a tolerar aunque con ciertas reservas, a condición de que supieran encerrar su religiosidad en la esfera puramente privada. Ese fin de siglo inauguró un largo período en la historia de la izquierda sobre el que, respecto a esta cuestión, gravitaron serios problemas. Al considerarse que las ideas religiosas eran contrarias al socialismo, no se reconocieron las aportaciones que los sectores con ideas religiosas socialmente más avanzados podían hacer a los movimientos socialistas; en lugar de eso, fueron vistos con recelos. Eso hizo que se perdieran fuerzas y valores, encarnados por esos sectores. 3. La religión en nuestro colectivo. Desde hace bastantes años, colectivamente no tenemos una posición ni a favor ni en contra de la religión. Cada cual es libre de pensar como mejor le parezca. Dirigirse a sectores cristianos comprometidos socialmente no sólo no se mira con reservas sino que lo entendemos como una necesidad: en esos sectores residen importantes energías y valores para las causas con las que nos identificamos. Nuestro propósito es unir en un mismo empeño a personas religiosas y no religiosas. |
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