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Dentro del movimiento ecologista hemos venido coincidiendo con quienes defienden los siguientes puntos de vista.
1. Sobre las relaciones entre los seres humanos y el medio ambiente. Los sistemas económicos productivistas a ultranza, tanto del capitalismo como del socialismo realmente existente, han considerado el medio como un suministrador ilimitado de recursos naturales y como un sumidero infinito de residuos de todo orden, donde se pueden depositar las sustancias sobrantes de los procesos productivos, del transporte y del consumo. La economía de mercado no tiene en cuenta los atentados contra el medio porque sus efectos no se incluyen en el precio de los productos. Probablemente es imposible que la economía calibre de forma rigurosa el coste de estos impactos. Estas economías fuertemente depredadoras han ocasionado tales desastres ambientales que los parámetros globales del planeta pueden llegar a cambiar en un corto lapso de tiempo. La penosa situación ambiental –la actual crisis ecológica– deja en entredicho el modelo de desarrollo que se ha venido poniendo en práctica. Aspiramos a una economía y a una forma de vida respetuosa con el medio ambiente que haga posible un desarrollo razonable para las generaciones actuales y para las futuras. 2. Sobre el desarrollo sostenible. El problema reside en alcanzar unas formas de vida, una producción y un consumo, que permitan armonizar dos términos en cierta medida contrapuestos: el desarrollo económico y el cuidado del medio ambiente. El desarrollo supone ampliar las opciones que tienen los seres humanos, lo que en unas ocasiones implica crecimiento y en otras, no. No podemos garantizar que exista un modelo de desarrollo capaz de satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin poner en peligro las condiciones de vida de las futuras. Pero, es preciso buscarlo: a pesar de que el concepto de desarrollo sostenible es esquivo, y de que va acompañado de diversos problemas y ha sido utilizado por algunos poderes políticos y económicos de forma interesada, es deseable aspirar a unas formas de desarrollo más prudentes y previsoras que las que han imperado en el siglo XX. 3. Sobre las relaciones entre los seres humanos y los animales. Estamos a favor de un antropocentrismo comedido. La posición principal que ocupan los seres humanos debe compatibilizarse con el respeto por los ecosistemas y por otras especies. La muerte y el sufrimiento de los animales sólo es admisible cuando son precisas para asegurar necesidades vitales de los humanos, como la alimentación y la salud. Y, aún así, estas necesidades deberían satisfacerse originando el menor sufrimiento posible a los animales. |
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